Volver a Zaragoza después de toda una vida en Gran Canaria no es un viaje cualquiera; es una cita con la memoria. Aunque las islas me dieron el mar, las torres del Pilar siguen marcando el norte de mi brújula emocional.
Y el Ebro, mientras, guardaba silencio al pasar por el Pilar
En este regreso de vacaciones, la ciudad decidió recibirme con un espectáculo que no recordaba. No hubo cielos grises ni despedidas frías, sino un estallido de colores que encendió la silueta de la Basílica sobre el Ebro, como si las cúpulas quisieran celebrar mi vuelta.
Capturar este instante fue recuperar un pedazo de mi propia historia bajo una luz nueva. Zaragoza me recordó que, aunque uno se marche de niño, hay cielos que te reconocen y te dan la bienvenida con la fuerza de un abrazo efímero pero eterno.
"Desde entonces, ese atardecer mañico, me acompaña como salvapantallas en mi PC."
El Ebro guarda silencio... — Jota pasodoble
Comentarios
Publicar un comentario