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| Foto: José Luis Sandoval |
Arucas no solo talló su fe en la piedra azul de sus canteras; también la esculpió en la madera oscura de su Cristo Yacente. En estos días de Semana Santa, la ciudad se vuelve un murmullo de pasos que siguen a esta imagen, una de las más queridas y respetadas por sus habitantes.
Como fotógrafo, siempre me ha cautivado la soledad de este Cristo frente a la magnitud de la iglesia de San Juan Bautista. En este encuadre, la arquitectura neogótica, con sus agujas que buscan el infinito, parece rendir pleitesía a la figura humana y yacente que descansa entre flores. Es el contraste entre lo eterno de la piedra y lo efímero de la vida, capturado en un instante de luz canaria.
Rescatar esta foto de mi archivo personal es volver a sentir el respeto de la calle, el aroma de las flores frescas y ese silencio sepulcral que solo se rompe con el sentimiento de un pueblo. No es solo una imagen religiosa; es la antropología de la fe de una ciudad que se reconoce en su patrimonio y en sus tradiciones más profundas.
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